Hoy hemos estado "hurgando" en la mesa de mezclas. La verdad que nunca pensé que pudiera dar tanto de si un curso de sonido, ni tampoco que hubiera que aprender tantos términos. A parte de quedarme sorprendida con los procesos de sonorización (el más impactante para mi fue ver una batería con siete micrófonos)pude comprobar lo difícil que es soldar cables, editar ondas y demás. La verdad que hoy, y a menos de dos meses de acabar el curso, me he empezado a dar cuenta de que este trabajo (en la mayoría de los casos) es más sacrificado de lo que uno piensa a priori y que necesita de una vocación innata de la que yo carezco, aún así, por mi parte, aporto un entusiasmo y admiración inmensos. No sé en que acabará el cursillo, pero lo que si me llevo es un recuerdo maravilloso y unos conocimientos que tienen su valor. Aún así sigo adorando subir y bajar faders pulsar botones a lo loco, ignorando todo lo que de ello pueda derivarse. Si es que en el fondo sigo manteniendo mi vena traviesa con todo aparato plagado de botones, sepa o no para que sirva.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario